Las hormigas

En el 2017 escribí mi primer cuento después de muchos años de no escribir ficción. Este 2019 me encuentra revisitando ese cuento, no para volver al pasado, si no para ver desde dónde comencé y hacia dónde voy. Se los dejo y les deseo un muy feliz año nuevo.

Parecían olas pequeñas y rápidas sobre la grama del jardín. Las vi cuando volteé la cara para ocultar las lágrimas que se me escapaban. Se estaban entrando por debajo de la puerta, tantas y tan juntas, que parecían un manto negro pulsante. 

Nunca había visto algo parecido. El miedo y el asombro llenaron un momento el agujero que me 

acababas de hacer y pude levantarme de la silla de donde no me hubiera podido mover un segundo antes. 

«¡Trae un trapo!», grité y fui en busca del insecticida. «¡Rápido! ¡Antes que entren en el cuarto de los niños!»

Visiones de miles de millones de hormigas negras devorando a mis hijos me hicieron moverme más rápido que los bichos que comenzaban a invadir mi casa. 

Rocié los vanos de las puertas y ventanas. Eso las detuvo. Una barrera invisible contra un peligro desconocido. Así como uno espera que funcionen las oraciones contra las enfermedades, las ausencias, los abandonos. 

Pero el insecticida sí funcionó y el mar de hormigas que pasó esa noche por mi jardín no entró a llevarse a mis hijos, ni a mí, ni a las maletas puestas al lado de la puerta. 

Ésas te las llevaste tú, junto con los años de amarte. 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.