Las fresas se pasan demasiado rápido

Ir al súper en día de ayuno es un poco tortura y un poco ejercicio de templanza. Todo se me antoja y tengo que procurar llevar lo que necesito, no lo que quiero. Estos rubros a veces son líneas paralelas que nunca llegan a juntarse. Pero hoy tenía ganas de fresas y compré la caja con las más grandes y rojas del estante.

Se puede vivir como si uno nunca fuera a morir o como si uno fuera a morirse mañana y cometer errores de cálculo similares. Hay una tercera forma de apreciar la vida y es cuidarla como si sólo se tuviera una (que de hecho es cierto, igual que el cuerpo) y disfrutarla como si sólo se tuviera una. El pasar diario de las rutinas de salud es como el color de fondo de una pintura que se hace con puntos de colores sin saturar el cuadro. Un balance entre lo plano y lo llamativo.

El amor tiene destellos grandiosos entre un cielo sin nubes. La comida sabe bien siempre (o debe hacerlo) y decadente los domingos. El antojo de fresas era hoy. Las fresas se pasan demasiado rápido y ya me comí tres o más.

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