La Historia está escrita en frases memorables, desde ordenar que se haga la luz y seguro alguien la terminará con un “fin”. Los momentos que ameritan decir “la suerte está echada”, “tú también, Brutus”, “el estado soy yo” y tantas otras que nos sitúan en su época, son la conclusión de una serie de eventos y pensamientos previos a los que no tenemos acceso.
Me pasa frecuentemente que suelto el final de un camino que ha recorrido la idea en mi mente como si el otro lo entendiera. Y no.
Pocas cosas como la claridad. Es mejor explicarse de más a ser malinterpretado. Al final, uno no es un personaje histórico conocido por sus frases.
