Las evoluciones

Hoy, mientras acompañaba a almorzar al niño, recordé lo difícil que era darle de comer de bebé. Tuvo una época de no querer comer y la solución fue muy sencilla aunque no tan fácil. Ahora tiene sus momentos, como hoy, cuando no hay comida que le alcance.

Pretender que las relaciones se queden estáticas sólo porque uno ya aprendió a lidiar con una de sus evoluciones es ridículo. Porque aunque hubiera una sola cosa que no cambiara, uno sí lo hace, todo el tiempo. Hasta la comida le sabe a uno diferente.

Me gustaría saber cómo viene el cambio, no sólo que viene. Tal vez así no me costaría tanto. Pero se hace lo que se tiene qué hacer.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.