La realidad inverosímil

Leer noticias es adentrarse en un diálogo interno que comienza, muchas veces con un «¡No puede ser!» La capacidad de los seres humanos para cometer actos que se salen de lo que nosotros consideramos normal es infinita. Como la imaginación. Pareciera que, junto con poder escribir acerca de mundos que no existen, también podemos decrear el nuestro, negar nuestra humanidad, comportarnos como cualquier otra cosa que seres pensantes.

O, también, está nuestra incapacidad para concebir formas de vida diferente a la que tenemos día a día. Y surgen las intolerancias, las persecuciones, el mismo desvalorar al otro por ser eso, otro.

Todos hacemos cosas diferentes a los demás. Algunas se salen de lo jurídicamente permitido en una sociedad. Otras, no. Y luego están las que todavía no son legales, pero no son inmorales y se hacen con gusto. Hay de todo. Habemos de todo. Y cambiamos en nuestras tolerancias, comportamientos, hasta leyes.

A mí no me gusta leer de los horrores que nos podemos infligir unos a los otros, porque me dan ganas de renunciar a mi especie. Pero entiendo que hay muchas cosas que me molestan, que no dañan a nadie y sobre las que poco o nada debo opinar. Supongo que hasta para eso hay imaginación.

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