La montaña

Por razones completamente ajenas a mi voluntad y control, se me acumularon dos semanas de camisas qué planchar. No compensa no haber planchado la semana pasada, 10 camisas es un montón. Sobre todo en este calor. Y más aún que no es una ocupación que me encante o que haga bien.

Una de las cosas que se aprende en la vida es que es mejor salir de las tareas en el momento en que se presentan. Es más fácil mantener ordenado un cuarto que ordenarlo. Es mucho más sencillo lavar el plato que se utilizó inmediatamente que esperar a que termine el día y hayan quinimil más. Si uno sabe perfectamente bien que la eternidad existe porque el oficio nunca termina, el amor qué.

Iba a dejarlo para otro día. Pero la montaña de camisas por planchar iba a ser la misma. No se desaparecen y, por el contrario, vienen más en el canasto de ropa sucia. Así que ya están todas planchadas y enserchadas. Y yo sigo pensando que es detestable planchar, pero lo hago.

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