La misma vista

Fue el día de la madre y sí me cocinaron una pizza sin dejar la cocina como zona de guerra. Eso era suficiente regalo, pero, además, me dieron una silla para poner en mi terraza. Veo la misma vecindad que me ha rodeado desde pequeña, pero desde una perspectiva distinta.

Tal vez así se pasa mejor este encierro: contemplando la misma pared con otras ideas. Al final del día, lo único que cambia lo que percibimos es nuestra propia mente, así que hay que considerar otras alternativas, hasta el ángulo desde donde se miran las cosas. Aprender a pararse de cabeza, por decirlo así, y ver con ojos nuevos las cosas viejas.

Así perduran las relaciones, encontrándose los cambios. Así se pone alto al aburrimiento. Y, así, pasamos un encierro que nos obliga a estar en lo mismo. Al menos eso espero que sea cierto, mientras me siento en mi regalo.

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