La medida de la respuesta

Cuando recibí una foto de Glenda, creí que era de la muerte del hámster, quien dentro de poco pasará a ser enterrado en el jardín (esa vaina ya va pareciendo cuento de Stephen King). Resultó que la niña llenó de agua la gaveta de su mesa de noche para hacer una tina. Una. Chingada. Tina.

Me reí y me dieron ganas de nalguearla. Exasperante y ocurrente en partes iguales. Simplemente no sé ya cómo reaccionar. Hay una medida correcta de responder a las cosas de los demás y a mí generalmente se me pasa. O no me importan cosas que deberían, o me encienden otras que no son tan importantes.

Tal vez lo que vale es fijarse si el acto trae una consecuencia en sí mismo, como en este caso en que la niña simplemente se quedó sin gaveta. O aceptar que nada de lo que uno diga va a cambiar al otro y que la que tiene que alejarse es uno. Es más importante saber reaccionar que amenazar para próximas ocasiones o dejar que se vayan acumulando las cosas no hechas.

Tal vez aprenda a dejar ese fluir. Y a largarme cuando me lleve el río.

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