Acabo de leer que dudar nos hace avanzar. Porque es cuando no creemos todo lo que tenemos en frente, que decidimos ir a buscar. Buscamos certeza porque tenemos dudas.
Pareciera que vivimos en un constante pasar entre extremos. Llegamos a sentirnos cómodos en una creencia, el cerebro se siente satisfecho con algo que tenía como espinita, nos sentamos a contemplar la paz de algo conocido. Y no es suficiente. Porque comenzamos a encontrarle algo que le falta. Se cuela un vientecito de duda que se va transformando en una tormenta de incertidumbre. Allí vamos otra vez, sacando el velero y metiéndonos en mares revueltos, porque queremos llegar a la otra orilla.
Al menos así debería de ser. Quedarnos acampando en playas seguras es un poco aburrido. Tampoco es cuestión de zozobrar toda la vida, pero un poco de aventura no le cae mal a nadie.
Por otra parte, hay algunas cosas que deberíamos creer sin reservas: que somos suficientes, que valemos la vida entera, que podemos dar más. Lo que nos decimos de nosotros mismos le da forma a lo que buscamos allá afuera. El mundo se hace desde el interior, porque estamos equipados para cambiar lo que tenemos en el cerebro, por mucho que no podamos mover ni un poco el viento que nos rodea.
Así que, gracias por las dudas que me hacen avanzar y las certidumbres que me dan la fuerza para hacerlo.
