Existe el marte en que nado y no tengo prisa por salir de la piscina. En que le pegué a las mascotas hasta que sonaron a trueno. En que me comí todo el chocolate que tenía en la mesita de noche. Hay un martes en que mis hijos no almuerzan en casa y yo tengo tiempo de escribir.
Hay otro martes en que trabajo sin parar, que paso en el carro todo el día, que no puedo ni salir a traer a los niños al bus.
Y hay otro martes en que una señora me invita a tomar un café en su casa y me cuenta de su vida, la cual ha sido infinitamente más difícil que la mía. Una señora que huele a humo y telas y máquinas de coser y que bajo todo eso, aunque no se le parece en nada, me recuerda a mi mamá.
Hasta que llega un martes, como hoy, que siento que hice todo eso, porque lo estoy recordando.
