La vida escolar de mis hijos se ve marcada por los amigos, los deberes y los exámenes. Obvio las dos últimas cosas no les son placenteras. Quisiera que entendieran desde ahora que tienen la oportunidad de expandir sus mentes y que deberían aprovecharla. Pero no lo van a entender hasta que ya hayan pasado por allí.
Leí hace poco acerca de cómo a ciertos niños los exámenes nos les causa ansiedad porque lo miran como una oportunidad de demostrar cuánto saben. Es una perspectiva distinta. No me están cuestionando a mí si no sé. Yo estoy enseñando que sí. Nunca lo había visto desde ese punto, pero me encanta.
Pero así como me es imposible adelantarles la percepción de utilidad a mis hijos, ellos se tienen que convencer a sí mismos de cambiar sus perspectivas. Lo más que puedo hacer es estar. Y eso es un examen en sí mismo.
