Escogerse

En un mismo día me pongo varios «sombreros»: mamá, esposa, amiga, carpintera, escritora… Las diferentes fachadas que uno presenta dependiendo de la ocasión son tan variadas, como las interacciones mismas. Y es que no voy a hablar de la misma forma, ni de las mismas cosas con mis hijos pequeños que con mi marido. Simplemente uno saca de adentro lo que pide el entorno.

Los seres humanos tenemos varios aspectos de nuestra propia personalidad. Como un cuadro que se mira por partes, o una casa que se visita por habitaciones. No todo el mundo conoce más de uno de nuestras facetas y menos aún la mayoría. Creo que es hasta difícil que nosotros mismos estemos conscientes de todo lo que representamos.

Pero sí podemos fijarnos en cuál de los aspectos de nuestras vidas somos más felices, nos sentimos más libres, más completos. Una amistad que hace que te sientas mal de ser tú mismo es tan dañino como una relación que te obliga a vestirte de cierta manera. En contraste, no hay nada mejor que te conozcan y te aprecien, espinas y todo.

Cuando se es niño, la adaptación al grupo es difícil precisamente porque no se escogen a los compañeros de clase y hay que rogarle a Dios tener suerte. Pero uno, que ya está grande, sí tiene toda la libertad de escoger a las personas de las que se rodea en su círculo más cercano. En buena medida, el barómetro para hacer la clasificación debería ser con quién me siento en mi mejor «yo».

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.