Es nuevo, para mí

Nunca había escuchado Led Zeppelin. No sé, entre Beatles y Queen y Stones y Clash, este grupo británico se me escapó. Traté alguna vez, pero seguro no era el momento. La melodía que se esconde detrás de la disonancia aparente no me enganchó.

Hay libros que tienen momentos para leerse. Por lo que no entiendo en absoluto por qué ponen a los pobres adolescentes en el colegio, en la mera edad de las aventuras, a leer estulticias como esa novela romántica tan mala que ni de su nombre me acuerdo en este momento. Lo mismo con la comida. Hasta con las personas.

Todo tiene un momento para hacerse, ya sea que le llega a uno como por atracción cósmica, o porque uno se hace la ocasión. Hasta pareciera que las cosas que más le cuestan a uno que le gusten, son las preferidas más adelante. Algo así como con el sushi. Ése sólo a los marcianitos de mis hijos les pudo haber gustado a la primera.

No siempre es necesario «hacerse el paladar». Pero, últimamente, me he sorprendido con mi cambio y amplitud de gustos musicales. Y, aprovechando, le dí una buena oportunidad a Led Zeppelin. Toda la mañana me acompañó. Tal vez no sea mi banda favorita, pero qué bueno que me dí a esa tarea. Y, yo sé que no es nuevo, pero fue nuevo para mí.

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