En esta casa se baila mal

Hay un par de canciones con las que nos ponemos a bailar los engendros y yo, no importan las circunstancias. Lo hacemos muy mal, porque esa es la idea. Si uno no puede brincar sin ritmo en la intimidad de su propia casa, está más amarrado por dentro de lo que se imagina. Y se nos mueve todo, sin pensarlo, un poco siguiendo la música y mucho siendo felices.

He encontrado que, mientras más me dejo ir con impulsos que me hacen feliz sin dañar a más gente, no importa si son ridículos, me ayudan. Como cantar en la ducha del club, aunque me escuche más gente. O ponerme los shorts cuando hace calor. O darle un abrazo apretado a los míos.

Creo que nos importa demasiado hacer las cosas bien, cuando deberíamos hacerlas felices. Nada en esta vida (bueno, pocas cosas), son tan tremebundas que no se puedan arreglar. ¿No quedó bien ese pastel? Habrá que volver a hacerlo. Y así con todo.

Hay más felicidad en bailar mal que en nunca bailar bien.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.