En cuenta regresiva

Estamos a una semana que el adolescente comience una aventura. Como con cualquier fecha que se avecina, primero parece muy lejos y en un instante ya está allí. Y así igual de rápido habrá terminado. Hay un sentimiento (ilusorio) de capacidad de predicción cuando esperamos acontecimientos que llegan en fechas fijas. Es más fácil contar la vida cumpleaños a cumpleaños.

Hasta nuestros antepasados que no estaban esclavizados a sus cosechas tenían patrones de tiempo a lo largo de los años, siguiendo manadas y recolectando plantas según la estación. No podemos sobrevivir sin ese mínimo de seguridad en el futuro. Si todo fuera incierto, no sé siquiera si lo soportaríamos psicológicamente. Pero… la realidad, en su esencia es ambas: cierta e impredecible. Y uno tiene que agarrar una postura entre la fe y la duda que es como caminar sobre una cuerda invisible.

Lo único verdadero y fijo es el momento de ahora: el sabor del café de la mañana que tomo, la sensación de la pantalla debajo de mis dedos, la música que escucho. Todo lo demás sólo está en mi imaginación y se convierte en realidad en el mismo instante en que termina. Como esperar una fecha que viene y se va. No hay más que cuentas regresivas perpetuas.

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