Tuvimos una emergencia con la niña. Ya está solucionado. Todo bien. Pero mientras lo arreglamos, dejé parte de lo poco que me queda de juventud. Es inevitable preocuparse. Hasta que me centro y pienso en las posibilidades. Siempre prefiero imaginar lo peor que puedo pasar para darme cuenta que puedo con ello. Y puedo, claro que sí.
Mañana no habrá nada por qué sufrir. Y si lo hay, trataré que no me afecte.
