El volumen alto

En casa somos casi todos ruidosos. Nos reímos a carcajadas, se escucha cuando hablamos, también cuando peleamos. Tratamos de no gritar, pero el volumen de la casa ciertamente no es bajo. A mí me gusta eso. Soy hija única y mi mundo fue muy callado. Aún ahora puedo pasar todo el día sin hablar. Pero me gusta tener música puesta todo el tiempo, podcasts cuando cocino y sentarme a comer con mi gente y hablar. Mucho.

Tal vez no es lo recio, sino lo frecuente que importa. Hay que hablar. Todo el tiempo. De emociones, de cosas que nos pasan, de lo que queremos que pase. Y escuchar. Todo. Desde el mundo de Minecraft, los Pinterests de cupcakes, hasta cómo quieren crecer. Todo es importante.

Se vale ser callado, pero no hermético. Y se vale hablar alto, pero no grosero. Y todo lo que queda enmedio.

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