Cuando era niña, mi mamá me hacía la ropa. Aún de grande me hizo blusas y faldas. Definitivamente nunca fui a la vanguardia de la moda… Aún ahora no tengo idea qué es lo que se pone la gente que sabe de “fashion”. No es ni bueno ni malo, sólo me sorprende la necesidad de descartar la ropa que a uno más le gusta y mejor le queda por algo nuevo, sólo porque lo es.
La ropa, como tantos otros marcadores externos, es algo que nos identifica con un grupo al que creemos pertenecer. Es la primera tarjeta de presentación ante gente que no nos conoce. En la época feudal, se podía saber hasta qué profesión tenía alguien por el tipo de sombrero que usaba. Y, aunque eso ya no es tan radical, no dejamos de ponernos una especie de uniforme de la tribu que nos identifica. Y está bien. Pertenecer a un grupo es parte vital de nuestra supervivencia emocional. Somos seres sociales y eso a veces implica seguir ciertas normas no escritas.
Supongo que yo también uso algún tipo de uniforme, si no es más que porque casi no compro ropa nueva y me pongo siempre lo mismo. Y está bien también.
