Le tengo que poner leche para que no me sienta mal. Ya he probado con té de cualquier clase, tal vez el blanco es menos malo.
Después de almuerzo nos sentamos a tomar té con la niña. Ella de pericón, yo verde. Y me mira del otro lado de la mesa con esos ojos del color del té que me tomo, haciendo desastres con una servilleta. No necesita mucho para hacer desastres, le salen natural. Y aún así, tiene un imán.
Terminamos de tomar entre la plática y me da náusea, que me aguanto. Porque estoy con ella y aunque me moleste, no me quiero levantar.
