Me gusta pensar que soy banal. Que me muevo justo en la superficie de las cosas, apenas metiendo un dedo en las aguas turbulentas que uno siempre mira debajo. La profundidad me aterra. Sé que me puedo ahogar con demasiada facilidad. los humanos no estamos hechos para vivir debajo del agua, pero sí estamos particularmente adecuados para nadar. No hay primates que hagan lo mismo.
El inconsciente es un cuerpo de agua oscura sobre el que navegamos para entender lo que nos pasa a nosotros y a nuestro alrededor. Nos sumergimos en él de vez en cuando, gozando de la sensación de ingravidez. El agua es el único medio en el que flotamos, lo más parecido a volar que podemos experimentar. Igual que los sueños. Igual que las drogas. Y buscamos esa sensación de muchas formas, no todas sanas.
Me gusta sentirme banal, sin peso, sin cargas. Creer que puedo flotar sin que me arrastre la corriente, o el monstruo de tentáculos verdes me lleve a su cueva. Pero también me gusta nadar y sumergirme. Porque no podemos vivir sin enfrentarnos a lo que llevamos dentro. Terminaríamos ahogados.
