El no hacer nada

Paso los días ocupada con lo que tengo que hacer después. La casa, al final del día, no se lleva sola, la comida no aparece de la nada y los niños no se crían por sí mismos. Se necesita una cierta cantidad de planificación. De allí mi amor por los horarios y el orden de los días. Es rico saber que los martes peleo con las sábanas y los viernes con la plancha.

Se trata de vivir en lo que uno hace, supongo, cada momento con su propia ocupación. Hasta la persona con el trabajo más importante del mundo tiene que prestarle atención a lo que tiene enfrente. No se puede pasar uno en un futuro que no existe. Pero para eso se necesita estar en lo que hay. Y allí viene el arte de no hacer nada.

Es que es tan poco lo que realmente podemos hacer para cambiar nuestras circunstancias, tan pequeña la esfera de control que tenemos sobre las cosas a nuestro alrededor, que, lo primero que toca, es detenerse y ver. Ver lo que hay, sin quererlo cambiar. Porque el secreto de cualquier viaje, no importa los pasos que tenga es el lugar desde donde se comienza. No hacer nada, es lo que hay, «it is what it is», y avanzar.

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