El incentivo correcto

A la niña le está costando sentarse a hacer sus tareas. Pajarea y termina tres horas después, igual que como comenzó. Ni las amenazas ni los regaños han funcionado.

Todos tenemos una bolsa de incentivos para hacer lo que debemos. Cuando ya somos adultos, se supone que nos la agenciamos nosotros mismos. Me gusta decir que la mía está llena de vanidad y que es mi castigo y mi recompensa todo junto. Hoy me preguntaba la niña qué pasaba si no escribía y simplemente entiendo que es algo que me he propuesto hacer. No con todo la intención es suficiente, como el pensar en no enojarme que me doy cuenta hasta después cómo y qué tanto fallé.

Los sistemas que funcionan, alientan a las personas que los habitan a comportarse de una manera deseada, proveyéndolos con las motivaciones correctas. Los que no, pues… hasta las calles se inundan.

Con la niña hoy me funcionó la promesa de un café. La que ganó con la compañía fui yo.

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