Todos los retos comienzan donde termina la paciencia. Ésa que nos hace aguantar lo que nos molesta, que nos aconseja quedarnos tranquilos porque es lo que conocemos, la que nos acomoda donde no estamos felices. La paciencia, como virtud, no es mi favorita. Creo que no la tenemos definida de una forma positiva, porque eso de aguantarlo todo no le puede servir a nadie.
En cambio, el amor, tanto propio como para los demás, sí nos ayuda a tener dimensión de lo que debemos tolerar y cómo nos debemos comportar. A alguien que amo no lo trato mal y le comprendo los días difíciles. Sobre todo si esa persona soy también yo.
El final de la paciencia sirve para avanzar, pero lo mejor es hacerlo sin destruir. Mis mejores decisiones las he tomado antes de llegar al límite. La orilla de un precipicio nunca es buen lugar para dar un paso.
