El estado de la mente

Los estímulos vienen de fuera y los procesamos internamente. Eso nos hace una amalgama de cuestiones que nos pasan y que recibimos. El estado de nuestra mente es algo que sólo podemos cambiar nosotros, aunque algunas veces necesitemos terapia o fármacos. Preferiblemente no lo hacemos con sustancias peligrosas. Creo que hay algo enternecedoramente humano en nuestra búsqueda de alterar la percepción de la realidad. Tal vez porque entendemos en un plano muy profundo que eso que llamamos realidad sólo es otra forma de interpretar lo que nos pasa.

En un proceso de terapia, parte del triunfo sobre el problema es identificarlo, estar conscientes del mismo y darle una interpretación que nos permita continuar. Internalizarlo, dejar de tratar de separarlo de nosotros, aceptarlo y ser mejores. El estado de nuestra mente determina la forma en la que vemos la realidad. Y lo que recibimos incide en nuestro estado. Una serpiente mordiéndose la cola. Siempre me ha llamado la atención la imagen de algo devorándose a sí mismo y siempre me ha dado miedo hacerme eso a mí misma. Es tan fácil perderse en divagaciones sin fin en las que recreamos momentos a los que les asignamos importancia. Todo puede tener importancia. O nada.

Hoy tuve un momento sumamente desagradable en mi día y lo he estado procesando desde el lado de la emoción primaria que surgió: el enojo. No le doy mayor importancia al evento, ni trato de buscarle una explicación cósmica. No puedo dejar de sentir las secuelas de la adrenalina, ahora mismo me duele la cabeza. Pero es una cosa más que pasó y ya. Pasó. Al menos ese estoy tratando que sea mi estado.

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