No es tanto que me enoje, sino que soy expresiva. Con mis hijos soy estricta y seria, pero también nos reímos mucho y está bien. El volumen de voz en la casa es alto y allí vamos. Nos queremos mucho, eso sí. En general, no estallo de pegar paredes y tirar cosas, mucho menos insultar. Pero…
Hay un término acuñado por mi persona para describir el súmmum de la molestia: el ensatane. Es más que estar enojada. No implica rabiar. Es el coraje que recorre caliente desde los pies hasta la cabeza y lo deja a uno con ganas de cortar cabezas mientras se sonríe. Yo me pongo extremadamente calmada y fría y digo las cosas más espantosas, sin insultar. Cualquiera prefiere gritos a eso.
Creo que vale la pena dirigir la energía de cualquier emoción hacia lo que se quiere lograr al final. Todo tiene una dirección y es posible apoyarse hasta de un sentimiento negativo para llegar a donde uno quiere. E implica sentir verdaderamente, observar la sensación que nos deja, analizar cómo usarla y hacerlo. Da libertad sentir y aún más el no dejarse arrastrar por el enojo o lo que sea. No es uno un incendio forestal para arrasarlo todo al paso. Pero sí puede ser un lanzallamas para destruir lo que se interpone.
Aún me duele la cabeza de anoche. Pero logré solucionarlo y quedar en una situación de ventaja sin arrepentirme de una palabra grosera. Y ya regañé parejo a los engendros hoy.
