El camino del dolor, pero despacio

Las mujeres somos eminentemente pragmáticas. Pregúntenle a cualquier Lady Macbeth que le ha quitado las dudas morales a su esposo con tal de ver a su familia avanzar. No estoy diciendo que no seamos emocionales también, pero sí creo que la idea de vernos hechas un llanto eterno tiene más en común con la frustración de no poder realizar los planes que tenemos que por cualquier falta de control.

El pragmatismo, como yo le entiendo, es la capacidad de ver las cosas como son y tomar las decisiones que sean necesarias. A veces las decisiones son estúpidas, como enamorarse sabiendo que va a terminar con el corazón desperdigado por el suelo. Al menos uno lo sabe y compra el pegamento de antemano.

La vida está llena de dolor, está bien. Querer ignorarlo es comprarse el único billete de una lotería de decepción que da premios todos los días. Sólo pensar en eso es pagar vacaciones en una isla de depresión en la que siempre llueve y hace calor con mosquitos. Saberlo y reírse en medio de las lágrimas, eso es el camino del dolor que me gusta tomar. Al menos se va más despacio y uno se entretiene con el paisaje. Porque después del dolor, hay otras paradas y eso también vale la pena saberlo. Y planificar el vino que uno se toma en los lugares bonitos. Suficientes lágrimas se dejan en las espinas.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.