El café compartido

Hay cosas que se intensifican en el momento de compartirse. Sobre todo las buenas. Nunca se ríe tan fuerte como cuando se está en una sala llena de personas escuchando el mismo chiste. Las buenas noticias parecen multiplicarse con cada recuento. La comida tiene mejor sabor en dos platos. No hay besos que valgan sin otra piel.

Saberse compartir de forma genuina, por el simple placer de estar con otra persona y de recibirla es una maravilla. Ser testigo de la vida de alguien más y dejarse ver sin mayores expectativas puede ser mágico. Tal vez la verdadera felicidad se esconde en esos momentos de reconocer al otro.

Me encanta mi soledad. El estado comprimido de sujetarme entre mis libros, mi música, mis ideas. Es cómodo, manejable, seguro. Hasta que abro los brazos para aceptar otra presencia y dejo escaparlo todo. Nada pierdo, nada, sólo lo veo crecer. Es maravilloso poder tener ambos estados.

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