El bendito silencio

Desde que existe el texto en medios de mensajes en el teléfono, yo ya casi no hablo. Eso de las conversaciones interminables con las amigas o, hasta altas horas de la noche, con el novio, ya son impensables. Pregunta uno si puede llamar, como si que el que suene el teléfono fuera una invasión. Y, sí, hasta cierto punto, lo es.

Pero el hecho de no hablar no quiere decir que pasemos en silencio. Ése es muy difícil de encontrar. Al menos para mí, que paso entre “mama”s todo el día. No hay mucho espacio para la reflexión. Hasta escribir lo termino haciendo a la carrera en el tiempo robado al día.

Nos llenamos de ruido. Música, tele, texteos. Como si se escondiera un monstruo en el silencio que nos fuera a demostrar que, no, siempre no somos tan interesantes. No podemos estar solos. No nos gustamos. El miedo a levantar la cortina y no encontrar nada detrás.

Mantener un poco de silencio para conocerse es, tal vez, uno de los ejercicios más complicados de nuestra humanidad. Tal vez porque estamos programados a ser sociables y tomar de auto referencia la opinión de los demás. Puro tema de tribu. Claro que eso también nos afecta. Pero lo que somos viene de adentro. Y es mejor conocerlo.

Tal vez por eso me tomo veinte minutos al día para escribir, que es como pescar mis pensamientos. También por eso casi nunca hablo por teléfono. Pero cuando hablo…

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