Dejar ir

Uf. Hoy regresa el Canche después de seis semanas fuera. No puedo decir que haya llorado todos los días, pero sí mi corazón está completo de pensar tenerlo al fin en casa. Esto de amar incondicionalmente a un par de personas que yo horneé y criarlos para que se vayan es de las tareas más complejas que nos da la vida.

Si continuáramos en una tribu compacta en la que todos nos movemos juntos, con papeles importantes para cada miembro, esa separación no sería evidente. Aunque se esperaría que fueran autosostenibles, que aportaran al bienestar de los demás, sacarlos del grupo sería un castigo, no lo normal. Ahora la expectativa es no tener que mantenerlos desde temprana edad.

Me gusta que mis hijos aprendan en mi casa lo que necesiten para irse de ella. Me hacen falta y quisiera que la relación permaneciera cercana. Y esto de dejarlos ir es doloroso y gratificante, como mucho de lo mejor de la vida.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.