Dejarse llevar es rico cuando uno sabe que no hay peligros adelante. En caminos desconocidos, es mejor estar alerta. Y para hacer la ruta, es necesario tomar decisiones.
Porque la vida tiene esa mala costumbre de llevarnos por donde se le da la gana si no oponemos resistencia. Generalmente es en bajada, rodando, muy feo. Termina uno enlodado, roto y maltrecho. No quiero decir que las decisiones que uno hace conscientemente sean siempre buenas. Es probable que uno termine en el mismo lugar, o peor. Pero al menos la tomó.
Dejarse llevar… es para cosas inertes. O para cuando uno está flotando en una piscina, mejor si con margarita en mano.
