De mandados pendejos

Salí a comprar jabón para la niña. Y regresé a darme cuenta que no hay sal. Lo cual significa otra salida a un mandado pendejo. Que está bien, tal vez, las cosas tienen sus ciclos y toca llenarlos.

Me está pasando cada vez más que veo transcurrir mis días en ocupaciones pequeñas, cotidianas, que sólo se aprecian cuando faltan: las sábanas limpias, la comida hecha. Y, de nuevo, está bien. Porque la vida es más llevadera cuando todo eso está. Los vacíos de cosas pequeñas minan los fundamentos de las construcciones grandes.

Así, salgo a hacer mandados y doblo con diversos grados de éxito las sábanas con elástico. Para poder sentarme a escribir sin temor a que se me caiga el edificio encima.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.