Dando vueltas al hámster

Hoy pasó un tacuacín en la pared divisoria. No era tan grande y ahora ya no me parecen tan feos. Recuerdo que se hacen los muertos y hasta simpáticos me caen. El gato grande se puso loco. Debe ser por eso que anda desesperado por la casa y que me mordió ayer. Sólo me dejó marcado el colmillo, abriendo apenas la piel. Pero tengo la mano hinchada y me duele como si me hubiera lastimado. Este animal es capaz de contenerse y no lastimar demasiado. Como cuando mira pasar a los hámsters sin comérselos. Se han escapado varias veces, sin que les hagan nada.

El hámster que da vueltas sin parar en mi cerebro se queda pensando que cómo es posible que el animal se haya contenido para no hacerme demasiado daño. Pero que igual estoy con dolor. Algo así como cuando nos guardamos cosas para no herir, pero seguimos tan enojados que igual hacemos todo pedazos.

Me sigue doliendo la mano. Y el gato ya no se acuerda.

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