Me toca cambiar un horario al local para una reunión de la niña. Hablo con un amigo que ya vive en mañana y con otra que sólo tiene medio día de diferencia. La forma que medimos las horas tiene más qué ver con el lugar en donde estamos.
Los griegos creían que tres diosas tenían en sus manos nuestras vidas, una madeja qué tejer y cortar. Los budistas lo miran como una rueda de la cual escaparse. Nosotros creo que lo hemos banalizado al número en nuestros teléfonos.
Convertirse en la vida que uno lleva, no el tiempo que uno pasa. Tal vez allí está la eternidad.
