He aprendido a escuchar a los demás porque yo ya me sé mi vida y qué aburrido contarla. El mundo sólo se puede percibir a través de los sentidos y se vuelve muy estrecho si la única referencia que tengo es la mía. Mejor ampliarla.
Cuando uno conoce a los demás suceden por lo menos dos cosas: es casi imposible odiar a quien uno llega a entender; y siempre se le encuentra algo interesante a cualquiera. Lo que se necesita es detener el tren que uno lleva para ver el paisaje de los demás. Se encuentran joyas en el camino.
No es sencillo, porque uno también tiene una especie de compulsión por contar sus cosas, por demostrar que uno sabe. Me ha costado y me sigue costando. Pero tengo una motivación adicional para escuchar: si sólo escribiera acerca de lo mío, hubiera agotado muy rápido los temas. La vida de los demás me inspira, cada una es un mundo nuevo. Y de eso sí puedo escribir sin ser aburrida.
