No sé cuánto comí. Supongo que eso es una buena medida de lo rico que estuvo mi domingo. Entre las cervezas, la pizza y el helado, ahora remojo mis galletas en el whisky que aprendí a tomar hace poco y siento que fue un día bien invertido. Tal vez todos necesitamos un momento de soltar. Las expectativas, los horarios, las ganas de hacer.
Sigo a filósofos estóicos y dicen que todo tiene que tener una intención. Hoy mi intención fue la nada. Y está bien.
Así que hoy, comí. Y tomé (sigo haciéndolo). Hasta el próximo domingo.
