Soy excelente en una emergencia. Mantengo la calma, encuentro soluciones, tomo decisiones y hago lo que hay que hacer. Es bueno eso. Me han tocado más emergencias de las que quisiera. La sensación es de vacío de sensaciones. Hay un momento de no sentir, sólo hacer. La emoción viene después.
Han descubierto que, ante una amenaza, el ser humano pelea, huye, o se queda congelado. Es genético, supongo. Aunque me pregunto cómo pasaron sus genes los que se quedaron congelados como boquita para el tigre. Es bueno saber en qué categoría cae uno, pero muy difícil hacerlo antes de la emergencia. Y después, tal vez no sirva de mucho.
La adrenalina me deja temblorosa y agotada. Yo sé que necesito un lugar donde me digan mi mentira favorita y me sirvan algo de tomar. Pero no lo tengo y eso requiere otra clase de habilidades que no son tan distintas de cómo reaccionar.
