Porque estuve ocupada haciendo cosas chilenas hoy en la tarde. Decidimos que, para portada de mi libro de cuentos basados en mitos, quería una foto maquillada de Medusa. Más bien, mitad Medusa, mitad yo. Nos tardamos toda la tarde y fue genial. No sé cómo terminen las fotos, espero que bien, pero lo lindo fue sentirme parte de un entusiasmo comenzado por mí, pero tomado por más gente.
Las ideas que se pueden pasar con energía entre personas, ésas son las piezas inmortales que dejamos. Anónimas, con vida propia, se expanden y extienden. Como los dichos populares que uno repite aunque no tenga ni idea quién los dijo primero. «El agua observada no hierve», dicha por mí hoy, por ejemplo, esperando que hirviera una ollita con agua, viene de algún lado, originalmente en inglés, que no tengo ni idea de cómo llegó a mi boca.
Tenemos muchas formas de trascender. Las obras físicas se van arruinando. Hasta el Coliseo está en ruinas. Las personas, todas, morimos y una generación más o menos no recuerda nuestro nombre, menos el color de nuestra risa. Pero la ideas, esas que se pueden repetir, que calientan por dentro, que podemos traspasar sin imponer… Ésas nos hacen inmortales.
Hoy no tuve una de esas ideas, pero igual casi se me olvida escribir.
