Es horrible ver cómo se acumulan las camisas esperando ser planchadas. Son como animales inútiles que no pueden sobrevivir sin un paso adicional a todos los demás. Mientras unos jeans o una t-shirt simplemente salen de la secadora, listos para ser usados, las camisas y cosas similares requieren que los torturen con un hierro caliente para poder servir de algo.
Adicionalmente, resultan tan anacrónicos, que supongo es parte de su encanto. Tengo pocas cosas que planche para ponerme, que no quiere decir que no lo necesiten. Es que las cosas de lino igual se arrugan de verse y los vestidos los uso para estar en casa. ¿A quién le puede importar? A mí. A mí me importa.
Así que, desde hoy, por lo menos hoy, todas las camisas están en sus serchas, con alguna medida de pericia mal adquirida. Que eso suceda todas las semanas, es dudoso.
