Cambiar para permanecer

Mi escritor favorito es Stephen King. Su narrativa es impecable. Rara vez hay algo que lo saque a uno de la suspensión de realidad en la que uno se sumerge cuando lee un buen libro. Me pasa lo mismo con Ishiguro, con von Shirach, con Restrepo. Estilos tan limpios que es como dejarse llevar en una embarcación segura, sin importar el estado del océano.

Lo interesante es que uno llega a esos autores cuando ya tienen un estilo. Y es muy poco probable que lo hayan tenido así desde un principio. Seguro sufrieron las transformaciones que vienen con la vida. Así como cuando miro las fotos de cómo me vestía de adolescente. Lo que me gusta ahora se puede entrever entre todo el resto de fachas.

Pareciera que nacemos con muchas cosas sobrantes. Vamos cambiando para ser más nosotros mismos. Afinamos nuestro estilo. Nos despojamos de las cosas que nos estorban. Vamos más ligeros, más limpios, mejor definidos. O deberíamos.

Ensayar para mejorar. Practicar para obtener maestría en lo que nos gusta. No tenerle miedo al dolor del cincel y el fuego. No quedarse a medias.

Nunca voy a escribir como King, Dumas, Borges. Porque no soy ellos. Tengo mi propio proceso. Pero quiero escribir como yo. Y para eso aún me hace falta.

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