Cambiar la mente

Usamos atajos para navegar la vida. Como todos, nos la hacen más rápida. No más interesante. Y, necesariamente, al acostumbrarnos a ellos, dejamos de fijarnos en lo que hay más allá. Pensemos en un túnel que atraviesa una montaña. Seguro es más eficiente, pero también más aburrido. Definitivamente no podemos tomar la “ruta escénica” todos los días, la cantidad de información en la que deberíamos fijarnos es devastadora. Pero sí podemos ponerle atención al panorama general y estar conscientes cuando decidimos no poner atención.

Un momento de ver la cara de alguien con quien uno vive desde hace años y verdaderamente fijarme cómo ha cambiado. El sabor de las cosas. Cómo sigue suave la piel de mis hijos. La música de la mañana. Hasta el hecho de escribir.

Estos días me han regalado la oportunidad de momentos, como cuando doblo la ropa, en que puedo concentrarme en concentrarme. Mi mente cambia. Tal vez también mi forma de pensar. Y eso, a esta edad ya en avance, es valioso.

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