Ayer que no escribí

Hubo una interrupción en mi necesidad. Algo sucedió. Tal vez leí demasiado (cosa que no existe, pero tal vez) o me distraje haciendo nada, que es la cosa más seductora del mundo. Lo cierto es que ayer no escribí lo de hoy y lo tuve que hacer de madrugada, con los pensamientos recién formados y sin el día que me informa de cómo sentirme. Hoy escribo también, más tarde, para mañana y mis palabras saben distinto, tal vez es por el té que me obligué a tomar hace poco.

Ayer que no escribí no recuerdo si tuve algo qué decir y se me desvaneció entre la sangre que bombeo todos los días. Por algo hago esto siempre, para no escurrirme sin dejar una huella, aunque sea efímera. Hoy me compenso, pero no, porque ayer ya pasó y hoy no lo puedo vivir dos veces.

Por un momento tampoco escribo hoy, porque ya lo hice en la mañana. Pero necesito esto, después de un día vivido, para recordarlo. Aunque, si soy más sincera aún, lo hago para que me recuerden.

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