Nada tiene valor por sí mismo, sino que nosotros se lo damos. Un viaje largo en carro puede ser una oportunidad de hablar o una tortura. No es que deje de ser necesario hacer menos tiempo en el tráfico, pero no tiene por qué arruinarnos la vida.
El mundo no tiene color hasta que nosotros interpretamos las limitadas frecuencias de las ondas de luz que percibimos. Y así con todo.
Es una maravilla que le podamos dar la interpretación que queremos a nuestras vidas. No es una actitud ilusa. Es otra forma de hacernos la existencia más llevadera.
