En todo lo que hace uno todos los días, hay olas de comportamiento que ayudan o estorban al crecimiento. En general, el problema es que como es una actividad constante, los cambios suelen ser menores, casi imperceptibles y uno puede dejar pasar un deterioro. Nos damos cuenta de las crisis y sus cataclismos, pero el desvío mínimo y persistente, el que es aún más significativo porque es más habitual, ése se esconde.
Creo que a mí me sirve tener cambios hormonales mensuales, sobre todo para darme un nuevo ímpetu de fijarme en cosas que me molestan. Allí es cuando vuelvo a pedir orden en casa, a revisar tareas, a sermonear por malos hábitos. Y luego aflojo otra vez, porque no puedo mantener esa presión de forma constante, nadie la aguanta.
El secreto es apretar de forma consciente, de a poco, para que las cosas no se nos salgan de las manos. El caballito de la vida quiere quedarse pastando en hierbas verdes, pero uno tiene que guiarlo con firmeza para avanzar. No me quiero quedar varada.
