A mí en el futuro

Me despierto a las 4am todos los días para poder hacer ejercicio porque más tarde la vida me alcanza y ya no puedo. A veces me cuesta y otras me cuesta más. Sobre todo si no pasé bien la noche. Y es que los días no se reinician cada veinticuatro horas, sino que se van acumulando hasta que se lleva el peso de los años.

Hay tantos aforismos acerca de cómo vivir y cuál es la mejor manera de disfrutar hacerlo, que se llenan todas las agendas del mundo con citas. Que si sólo se vive una vez, que si hay que pensar en el futuro, que si lo pasado siempre fue mejor. Pero se les escapa a todos que el paso del tiempo es una constante y que sólo existe el momento presente, que se va sintiendo conforme avanza. Lo que hacemos hoy repercute en nuestra evaluación del pasado y en nuestra disponibilidad para el futuro. Por supuesto que hay que tener placer en lo que se hace, al menos estar agudamente consciente del instante. Pero creer que lo que hacemos hoy no lo tenemos que afrontar mañana, es ignorar una de las verdades irrefutables de la existencia: todo cambia.

A veces me acuesto tarde, después de tomar vino y comer mucho. Otras me meto a la cama con el sol. Ése es mi hoy. Pero siempre llego a hacer ejercicio al día siguiente. Porque también tengo un mañana.

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