Es demasiado importante crear un espacio para hablar de forma honesta. Pero con ciertos requisitos: no se trata de una cloaca para la diarrea mental, ni de un confesionario en donde todo se absuelve.
Cuando uno está criando gente, este espacio es aún más importante. Se debe dejar claro que es mil veces mejor contar las cosas que ocultarlas y ser consecuente en las reacciones. No se deja pasar todo, sólo se escucha y se decide.
No es algo que venga natural. Se aprende a pura putrefacción de las cosas no dichas que lo persiguen a uno desde la oscuridad. Se aprende desde el rompimiento de las relaciones por no querer tener la conversación difícil. En el dolor de un fracaso por no saber cómo expresarse. Mejor evitemos todo eso.
