Le hacemos la fiesta a las primeras veces porque son fáciles de identificar. Los cumpleaños, aniversarios, besos, viajes. Sabemos bien cuándo fue el primero. Lo celebramos. Y vivimos como si sólo fuéramos a tener primeras veces.
Aunque nos gusta repetir que lo único constante es el cambio, dejamos sin nombrar que lo verdaderamente seguro es la muerte hasta que nos agarra la mano. Y allí ya uno poco puede hacer.
El problema con las últimas veces es que no vivimos fijándonos. Ni en nosotros ni en los demás ni en la vida. Nos tratamos de olvidar que todo puede ser una última vez y lo damos por sentado. No es cuestión de vivir angustiado. Es simplemente finarnos. Para grabar el momento, cualquiera. Yo tengo completamente seguro que no sé mi tiempo restante. Que las cosas cambian siempre. Que las personas se van, no sólo se mueren. Se van. Los esposos se aburren y se van. Los hijos crecen y se van. Y las últimas veces son importantes. Mejor le pongo atención a todo.
