He aprendido a que soy más feliz cuando me enfoco en el resultado y no en el proceso. O cuando le pongo atención al camino y no al destino. O todo lo contrario. A veces es importante el desenlace. A veces la trama. Y lo determinante es saber cuándo ponerle atención a qué.
Los faros alertaban de peligro. Y marcaban un punto de referencia. Los barcos podían escoger cómo procesar esa información. Y ajustar el rumbo de acuerdo a lo necesario.
En principio, tengo faros fijos. Y caminos cómo alcanzarlos. Pero la marea nunca es la misma y he tenido que aprender a hacer ajustes. Podría frustrarme por no seguir la ruta que tenía planeada. O disfrutar el camino, procurando llegar a la luz. Ambas son importantes.
