Cuántas veces me he hecho expectativas, miedos, congojas, alegrías, en las vísperas de algo y el evento real no fue lo esperado. Creo que me pasa demasiado seguido para mi edad. Debería ya haber aprendido. O, al contrario, subestimo lo que está acercándose. Y cumplo el dicho de «no es lo mismo verla venir…»
Nuestra mente es un milagro. Una verdadera maravilla de la naturaleza. No se puede explicar de forma totalmente científica por los saltos evolutivos que fueron necesarios para tenerla. Y aún no la entendemos por completo porque ni siquiera podemos dar una definición exacta de qué es la consciencia, por ejemplo. Lo peor es que, alimentada de todo lo malo, nos hace sufrir más de lo necesario. Eso de poder adelantarse a escenarios que no han acontecido a veces es la pura tortura.
Trato de aplicar lo aprendido en mis meditaciones. El vivir en el ahora. En fijarme en dónde estoy. Y de todas formas paso noches en vela imaginándome en lo que puede ser. Me falta mucho.
