Yo puedo fluir perfectamente, siempre que sepa dónde y cómo. Y no es una broma sin sentido, es que me siento más cómoda soltando, cuando entiendo los parámetros dentro de los que me estoy moviendo. Las relaciones son mucho mejores cuando uno sabe en dónde está parado. Eso requiere regresar a preguntar las veces que sea necesario qué expectativas hay de ambas partes.
Yo me dejo llevar. Cuando tengo confianza en mi compañero de baile. Cuando entiendo qué es lo que quieren de mí y estoy dispuesta a darlo. Cuando tengo una expectativa razonable de conocer la situación. Obvio, nunca nada es totalmente predecible y uno ni siquiera no sabe lo que no sabe. Pero siempre es bueno tener el mínimo de los entendimientos de las reglas del juego.
He aprendido a que no soy yo la única que tiene derecho de decidir hacia dónde se debe mover la pieza. Que puedo dejar que los demás de mi cariño hagan sus movida. Pero sí necesito saber al menos cómo se llama a lo que estamos jugando.
