¿Se recuerdan aquella canción de Timbiriche de «si no es ahora, será mañana»? Es el tipo de sentimiento que sólo se puede tener con la vida por delante. Porque, es cierto, el universo te da la oportunidad de volver a tomar decisiones, pero cada vez tienes menos tiempo para disfrutarlas. Sobre todo con la repetición de patrones afectivos.
La composición emocional nos la hacen nuestros padres, tanto genéticamente como de crianza. Es como el color de ojos y el tamaño de los pies. Es lo que hay. Pero, al igual que la estatura y los tacones, uno puede trabajar con lo que tiene. Es que no queda de otra. Y por eso vale la pena aprender en dónde están los espacios que nos impulsan a tomar (o dejar de tomar) decisiones que nos hagan bien.
Tengo la oportunidad de tomar decisiones con lo que tengo a la mano, tomando en cuenta mis sentimientos y mis miedos y teniéndome la mayor paciencia que puedo. Cuesta. Me ha costado casi cincuenta años aprender a hacerlo y aún no lo hago bien siempre. Pero… si no es ahora, a estas alturas del partido, no sé si será mañana.
